LA EMBAJADA

TEXTO EMBAJADA 2015

El siguiente texto, fue el que se representó por primera vez en las fiestas de 2015 como texto la Embajada en la Plaza de la Constitución, siendo el capitán cristiano Eugenio Marco y el capitán moro Pablo Ramírez.  (Pinchar para descargar archivo de Embajada y Coronación 2015).

En 2016, los embajadores fueron Victor Ramírez por el bando cristiano y el rey moro Ramón Rocamora, vídeo que podemos ver a continuación.

 

El texto original, fue encontrado por el mismo Eugenio Marco gracias a un vecino suyo que lo encontró entre muchos papeles antiguos en su casa. Texto que casualmente se representaba ya hace muchos años el 3 de mayo al llegar a Mahoya, y que también se venía representando en Villena. Historia que cuenta en el siguiente artículo.

COLOQUIO AL SANTO NACIMIENTO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO ENTRE UN MORO Y UN CRISTIANO – PRIMERA PARTE

Capitán Moro

 


Antes de que salga la aurora

coronada de jacintos,
quiero, como buen capitán
y experto caudillo,
revisar a mis centinelas
por ver si están dormidos;
que el general que descansa
a la vista del enemigo,
bien puede ser víctima:
por confiado y atrevido.

Hoy celebran los cristianos
con júbilo y regocijo
la fiesta de la cruz
en que murió Jesucristo,
aquel profeta de Alá
al que le llaman Cristo.

He de llegar, por si tiene,
este fuerte castillo
algún cristiano valiente
para enfrentarse conmigo;
y si no su capitán,
pues le toca a su brío
el salir a la batalla
para que este regocijo
se le vuelva en gran pesar
por ser grande su desatino,
que estando a mi vista
estén en fiestas divertidos.

 


En cólera y rabia ardo,


y de mi espada el filo

está esperando para dar
muerte a cuantos atrevidos
se opongan a mi brazo;
porque soy león vengativo,
que despedazo con ella
a cuantos me han ofendido.

Por una almena del castillo los cristianos descuelgan un estandarte de La Virgen.
El capitán moro lo ve,se fija en él y dice

¡Cielos, qué es lo que veo!
Confuso estoy y aturdido.
¿Quién el atrevido es
que con tan osado desatino,
se atreve a poner ante mí
esta imagen de mujer
a la que llaman María
Madre de Jesucristo?
¿O no soy quien solía ser,
o es encanto lo que miro?

Se queda mirando el estandarte,
se pasa la mano por la frente y dice:

¿Es que estos cristianos
no tiemblan ante su enemigo?.

Voy a llamar por si salen,
porque estoy muy ofendido
del atrevimiento insolente
al que me tienen sometido. 

Se acerca a la puerta del castillo y gritando dice:

¡Ah del castillo,
salid cuantos estéis en él
que a todos os desafío!.

¡Salid, si queréis batalla
y si no dejar el sitio!.

¡Huid, que os busca un león,
como un volcán encendido!

Y ya que tuviste el valor
de ser tan atrevido,
tenerlo para salir
y batallar conmigo.

Y si no queréis salir,
en este retrato mismo,
que tanto estimáis
me vengaré atrevido,
rompiéndolo en pedazos
con  rabia y furor altivo.

Se acerca a destrozar el estandarte de la Virgen con su espada, pero sale el capitán cristiano.

Capitán cristiano:

¡Detente, bárbaro impío,
que si tuviste el valor
de llegar tan atrevido,
a desafiar a cuantos
defendemos la fe de Cristo,
ya no podemos permitir
tan bárbaro designio;
porque tocando a María,
en pureza claro armiño,
aquella pura sin mancha,
aquel escollo Divino,
aquella suprema Reina
de los ángeles divinos,
a quién suplico nos ampare
para que seamos el cuchillo
de cuantos tiranos impíos
ultrajan su ser Divino,
mi fuerte brazo asistido,
despedace a cuantos niegan
la fe de su sagrado Hijo.

Y ya cansado de verte
tan soberbio y tan altivo,
vengo a que sepas, tirano,
que te daré tu castigo,
por tus bárbaras sinrazones
y tu mal fundado estilo.

Y ya que tanto blasonas
de valiente y de atrevido,
saca tu cobarde acero
de tan ofuscado filo
y verás en qué poco tiempo
con mi invicta espada
te doy tu merecido.
¡Prepárate al desafío!

Entabla una lucha a espada y el moro cae a tierra.

El Capitán cristiano le dice:

Te he vencido, tirano,
y castigaré tu infamia
si a Dios no te confiesas
y de tu error te apartas.

El capitán moro:
¡Valeroso cristiano:
detén tu espaday ayúdame a levantarme!

Se levanta el moro con la ayuda del cristiano y se ponen frente a frente.

El capitán moro:

Me has vencido en la batalla
y si me vence tu argumento,
te doy mi palabra
de recibir el sacramento
y asistido de la gracia
confesaré a Dios su nombre
y a su madre Soberana.

Cristiano:

Propón tu dificultad,
que confiado en María
procuraré convencerte;
aunque me falte filosofía.

Capitán moro:

¿Cómo pudo ser
que de una doncella intacta
naciera este Dios y Hombre
quedando ella casta?

Esta es la dificultad
que me aturde y desmaya:
parir y quedar doncella
parece cosa de fábula.

Capitán cristiano:

No tienes que ponerlo en duda,
porque en eso no cupo mancha.
¿No has visto como el sol
traspasa el cristal sin dejar mancha?.

Pues así entró el ser Divino
de Jesucristo en María,
quedando aquel cristal fino
de santidad tan perfecto
como antes de haber nacido.
Con esto ya te he explicado
los misterios divinos.

Capitán moro:

Me has convencido, cristiano,
y dos veces me has vencido:
una con este argumento
y la otra con tu acero limpio.

Presto estoy a bautizarme
y confieso a Jesucristo,
que cada instante que pasa
se me antoja un siglo.

Y a vos, sagrada María,
humilde perdón os pido
por la obstinada ceguedad
en que he vivido.

Y confesándome en la fe
digo: ¡Viva Cristo!.

Capitán cristiano:

Para poderte bautizar
todo lo tengo previsto
y puesto que esperas la fe,
abrázame como amigo.

(Se abrazan los dos efusivamente)

Se acerca el “ermitaño” a bautizarlo.

La reina Cristiana hace de madrina y el Capitán cristiano de padrino.

Ermitaño:

En el nombre de Dios yo te bautizo,
para que de la Santa Iglesia
seas un buen hijo.
Y ahora te llamarás: XXXXX

Capitán Cristiano:

Luz y honor de los paganos,
que de ti espero un caudillo,
para ensalzar la cristiandad
y defender la fe de Cristo.

Y a vos, sagrada María,
reina del Cielo Divino,
que con tu intercesión
a este sarraceno he convertido,
que ya profesa la ley
de tu soberano Hijo.

Te pido que nos auxilies
para celebrar las fiestas
del Santo Madero de Jesucristo.

¡Oh dichosa la Virgen del Rosario
que de España eres Patrona Real,
que te trajo don Alfonso El Sabio
para conquistar…!

¡Viva la Santa Cruz!
 


 SEGUNDA PARTE

Capitán moro:

Sin astucias ni retóricas
me has convencido.
Cristiano ya soy
y profeso la fe en Cristo.
 
Mis huestes plenas
de vuestro Rey esperan
su magna clemencia;
y que se nos conceda
cultivar estas tierras;
que oasis de promisión son,
como en Siria y en Persia.
 
De don Jaime Primero
esperamos ansiosos,
su beneplácito
y seremos dichosos.
 
Y como buen amigo
yo os prometo,
dar las primicias
y pagar los diezmos.
 
El río que por aquí pasa
lo haremos un vergel,
que será nuestra casa
como allá en Argel.
 
Cultivaremos los olivos,
las higueras y los granados
y cuantas frutas traemos
de otros lados.
 
Nuestros hijos crecerán
como granos en las espigas,
para agrandar la cristiandad
y construir maravillas.

 Y de esta forma repartiré las tierras:
A los jairíes, La Jaira,
a los del camello, Muzalé,
a los Omeyas, Mahoya
y a los Tuareg, Sahués.
 
Los de Albayada a la cueva,
los de Albayaallah a la alcazaba,
los almohades al Aljezar
y los de Al Jarea al Margen.
 
Para los almohades, Macitavera,
los alfaquíes al Zulún,
los muladíes a Albanyala
y los abbasíes al Paúl.
 
Los musulmanes al Chícamo
y los demás a la Aljama,
que aquí tienen cabida todos
si pagan las derramas.
 
Capitán cristiano:

Nuestro rey don Jaime,
primero de Aragón,
os da la bienvenida
de plena satisfacción.
 
Y espera que cumpláis
todo lo acordado,
para convivir en paz
y lo pasado, olvidado.
 
Construiréis una iglesia
dedicada a san Benito,
ermita a san Sebastián
y a san Roque bendito.
 
Os dejamos una cruz,
reliquia del Santo Madero,
venerada en la cristiandad,
con cariño y con esmero.

Y cada tres de mayo
que se bañe en la “cieca”,
en solemne romería
sin desmayos a la vuelta. 

Y mis invictos soldados
con el tronar del arcabuz,
le rendirán honores
a tan preciada cruz:
 
La mesnada Calatrava,
sufrida y gloriosa,
desde la batalla
de las Navas de Tolosa.
 
Los Almogávares aguerridos,
que a Constantinopla llegaron,
fueron muy temidos
y muy odiados.
 
Los caballeros de Santiago,
que por las galias andan
saben obedecer
lo que se les manda.
 
La orden del Temple,
la más vetusta,
de las cruzadas viene
fuerte y robusta.
 
Los caballeros del Cid,
en Villeurbanne afincados,
vienen por aquí
a disfrutar su pasado.
 
Los mudéjares del Zurca,
harto marchosos,
se divierten a la turca
y no son belicosos.
 
Los de don Jaime I,
El Conquistador,
ponen mucho esmero
y derrochan esplendor.

Los de Pedro Cuarto,
el del “punyalet”,
acamparon en la Huerta
al anochecer. 

Los arqueros de Rocafull,
del señorío de Abanilla,
defienden  su castillo
con coraje y valentía.
 
Y los lanceros de Avellaneda,
que de Castilla proceden,
aquí bien estarán
defendiendo a la plebe.
 
La mesnada de Favanella
de empaque y señorío,
derrochan mucho glamour
y pendonero tronío.
 
Los caballeros de Castilla,
de mucho mojete
y probada hidalguía,
aquí tienen su aparcería.
 
Los cruzados de Cuyalbe
son gentes de buen comer,
que sin demasiado alarde
se lo pasan muy bien.
 
La mesnada Santa Ana,
de mucho empaque,
no les faltan ganas
y tienen buen saque.
 
A la señora santa Ana
se le hará su fiesta,
que de la Virgen madre es
y de Jesucristo abuela.
 
Y en señal de paz,
de concordia y armonía,
vamos a comenzar ya
las fiestas en esta villa.
 
¡VIVA LA SANTA CRUZ!

 

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