FUNDACIÓN DE LA ASOCIACIÓN DE MOROS Y CRISTIANOS SANTA CRUZ

FUNDACIÓN DE LA ASOCIACIÓN DE MOROS Y CRISTIANOS SANTA CRUZ (27 DE NOVIEMBRE DE 1976)

Nuestro periodo se podría resumir en dos periodos bien diferenciados:

A) DESDE EL INICIO Y HASTA EL 27 DE NOVIEMBRE DE 1976

Desde 1598, en Abanilla, se venían celebrando fiestas de Moros y Cristianos de forma más o menos continuada.

El elemento principal de la Fiesta son los Capitanes, los Pajes, el Día 3, las Dianas, los Rodajes de Bandera, las Batallas de Santa Ana y Mahoya, etc.

Otra cosa es que haya gente que se disfrace de moro o de cristiano. Si nos fijamos en las fotos y películas podemos ver ejemplos de moros o cristianos en Abanilla durante todo el Siglo XX, y no vemos ejemplos anteriores porque, aunque la fotografía se inventó en la primera mitad del s. XIX, quizás por Abanilla no pasó ningún fotógrafo hasta principios del s. XX. Siempre se han celebrado las Fiestas con gente disfrazada, otra cosa es qué actos concretos participaban.

Al menos, hasta 1955, se celebraban batallas el día 3 con gente vestida de moros y cristianos (éstos últimos con el traje de la mili).

Por ello, decir que los Moros y Cristianos se fundaron en Abanilla en 1973 o 1976 no se ajusta a la verdad.

Posteriormente hubo un parón, en cuanto a gente disfrazada, hasta 1973 en que el Alcalde, Antonio Pacheco y el Concejal de Fiestas, Adolfo Cascales deciden incorporar un par de comparsas a las fiestas de aquel año para que desfilen con la Reina y sus carrozas y las Majorettes de La Raya.

En 1974 y 1975, se suman dos comparsas más.

Tras las fiestas de 1975, un grupo de amigos decidimos formar Almogávares, como grupo cristiano, con lo cual ya había 5 grupos: Calatrava, Jaira, Muzalé, Omeyas y nosotros.

Toda esta etapa previa la describe muy bien Gabriel Esteve en estas mismas páginas.

A finales de 1975 o principios de 1976, no recuerdo bien, nos reunimos todas las kábilas y mesnadas existentes y acordamos constituir una Asociación festera, que nos diera autonomía respecto al Ayuntamiento, dado el nivel de crecimiento y popularidad que iban alcanzando en el pueblo los grupos que se habían ido formando desde 1973.

Basándonos en los Estatutos de la Asociación de Fiestas de Moros y Cristianos San Fco. de Asís de Crevillente, se acordó elegir una Junta Central Provisional con el encargo de elaborar unos Estatutos y solicitar su aprobación, de acuerdo con la legislación de la Dictadura, que requería el permiso del Gobierno Civil para poder asociarse.

Esta Junta resultó formada, por elección de todos los asistentes a aquella primera reunión, y de acuerdo con el borrador de Estatutos que habíamos adoptado a partir de los de Crevillente,  por Luis Marco (Vicepresidente), Pepe Díaz (Tesorero) y José Antonio González (Secretario), y yo mismo como Presidente. Además asistía a las reuniones un representante de cada grupo que iban cambiando en cada reunión. Decidimos, también, actuar de acuerdo con el texto de Crevillente hasta que dispusiéramos de nuestros propios Estatutos.

En primer lugar, recibimos el legado del grupo de festeros voluntarios que, más o menos, ayudaban a la Comisión de Festejos del Ayuntamiento a organizar las fiestas hasta 1975 y que consistió en unas cuentas en una servilleta de bar.

Y en la primavera de 1976, nos pusimos en marcha.

Esta Junta Central Provisional ya organizó las fiestas de 1976.

Nos propusimos dos tareas fundamentales: 1) Crear la Asociación y 2) Consolidar los Grupos Festeros.

1º. Crear la Asociación.

Iniciamos la redacción de los Estatutos y, para ello, utilizando como borrador el de la Asociación de Crevillente, durante el verano de 1976, celebramos una serie de asambleas en el salón Parroquial, en las que se discutió artículo por artículo y párrafo por párrafo. ¿Os acordáis, los antiguos, de aquellos interminables debates?.

Mi intención personal era que los estatutos fueran participativos, huyendo de la cultura organizativa de la época (recuérdese que no existía democracia en España), en que todo se organizaba alrededor de cuatro señoritos, siempre los mismos, y el resto debía seguir el camino que les marcaran. Pienso que lo conseguimos, a pesar de la oposición y los recelos de algunos que veían en aquellas discusiones un intento de politizar la Fiesta (nada más lejos de mi intención) y que se empeñaron en obstaculizar todo lo que pudieron y más el avance en la redacción. A muchos de estos la Asociación, años después, les premió de diversas maneras aunque parezca increíble.

Se trataba simplemente de crear una entidad participativa, con órganos elegidos por todos y sometidos a la voluntad soberana de la mayoría (conceptos que ahora estudian los niños en la escuela pero que entonces eran casi pecado).

Finalmente, conseguimos unos Estatutos absolutamente democráticos y que garantizaban la igualdad de los festeros y el carácter asambleario de la Asociación. Modestamente, creo que aquellos Estatutos contribuyeron a consolidar el movimiento festero y asegurar su continuidad. El esquema que se creó: Junta Directiva (con cuatro miembros), Junta Central (con representantes de los Grupos) y Asamblea General, ha seguido vigente hasta hace poco y, pienso, ha ayudado a consolidar la fiesta y asegurar su funcionamiento democrático.

Alquilamos el primer local social (donde ahora tiene El Pincho la Barbería), lo acondicionamos entre varios voluntarios, recuerdo las discusiones sobre el tipo de papel pintado a poner, lo amueblamos con muebles y equipamiento de oficina de segunda mano (incluyendo una máquina de escribir que compramos en Murcia), encargamos el logotipo y sello de la Asociación, basándonos en un cartel de fiestas elaborado por Ángel Esteve, etc. En estos trabajos no participaron todos los asociados, precisamente aquellos que no estaban de acuerdo con la redacción democrática de los Estatutos no portaron por allí.

2º. Ayudar a consolidar los grupos.

En verano se hacía una serie de verbenas en la Piscina y los beneficios se repartían entre todas las cabilas y mesnadas que participaban, constituyendo uno de sus ingresos principales. Cada fin de semana le tocaba a un grupo organizar el baile y todo el mundo participaba: como porteros, cobrando las entradas, ocupándose de ordenar y limpiar el sitio, etc… La función de portero no era muy grata dado que había que impedir que gente acostumbrada a ciertos privilegios de la época se colara sin pagar.

A mí me tocó, como Presidente y con algún que otro disgusto para mí, indicarle a más de un Concejal que allí pagábamos todos (y los primeros los organizadores), incluso distribuíamos a 5 ó 6 festeros por el perímetro de la Piscina para “impermeabilizar” el entorno.

B) DESDE EL 27 DE NOVIEMBRE DE 1976 Y HASTA AGOSTO DE 1977

El día 27 de noviembre de 1976, celebramos una Asamblea en el Salón Parroquial y aprobamos los Estatutos dando por creada la Asociación de Moros y Cristianos Santa Cruz.

Por tanto, LA ASOCIACIÓN DE MOROS Y CRISTIANOS SANTA CRUZ DE ABANILLA NACIÓ, FUE FUNDADA, EL 27 DE NOVIEMBRE DE 1976, tal y como da fe el Acta correspondiente de la Asamblea.

Intentar fijar en otra fecha la creación de la Asociación, no solo es falso, sino que responde al intento malintencionado de hacer equivalente los actos anteriores (tal y como los describe Gabriel Esteve) a la fundación solemne y democrática de la Asociación y, por tanto, de atribuir méritos inapropiados a otras personas.

En aquella Asamblea se decidió enviar los Estatutos recién aprobados a los organismos competentes y esto requiere una explicación.

En cualquier sistema democrático, el derecho de asociación implica que, cuando los interesados expresan su voluntad de asociarse aprobando sus reglas del juego propias, sus Estatutos, la Asociación queda constituida sin necesidad de aprobación por parte de ninguna autoridad externa. Sin embargo, en los regímenes dictatoriales, el derecho de Asociación requiere que la Autoridad correspondiente apruebe los Estatutos, es decir, el derecho de asociación no es algo que corresponda al ciudadano sino que la autoridad lo concede o no. Es decir, no hay, realmente, derecho de asociación, sino que lo que hay es que la autoridad impuesta, no elegida, te permite asociarte o te lo impide. Por tanto, si alguien quiere funcionar como Asociación, debe suplicar a la autoridad dictatorial que le conceda el permiso correspondiente para ello.

A pesar de ello, en España, en aquella época, ya se funcionaba, socialmente, al margen de la Dictadura, ya existían grupos constituidos para todo tipo de actividades, sindicatos más o menos clandestinos (al margen de los sindicatos propios de la dictadura), partidos políticos clandestinos, etc. Pero siempre existía la posibilidad de que te prohibieran tu actividad o, en el caso de los sindicatos o partidos políticos, de que te detuvieran o encarcelaran.

Por ello, decidimos dos cosas: a) enviar los Estatutos para su aprobación por el Gobierno Civil, para que nos pusieran las menores pegas posibles, dado que la legislación de la dictadura obligaba a ello y b) funcionar por libre considerando que nuestro derecho a asociarnos no nos lo podía hurtar la Dictadura y dando por sentado que los Estatutos recién aprobados eran legítimos (para nosotros) y, por tanto, transformando a la Junta Central Provisional en la primera Junta Directiva de acuerdo con los Estatutos, cuyos miembros hacía menos de un año que habían sido elegidos democráticamente.

Y en este sentido, organizamos las fiestas de 1977 y seguimos consolidando la asociación sin pensar en convocar nuevas elecciones para elegir la segunda Directiva, cuestión ésta que nadie planteó en ningún momento. De haber convocado elecciones inmediatamente tras la aprobación por parte del Gobierno Civil hubiéramos estado aceptando la legislación de la Dictadura.

Más adelante, en julio de 1977, yo mismo, al acabar mis estudios de Medicina, me fui a trabajar a Albacete, por lo que no podía atender mis obligaciones como Presidente de la Asociación, por lo que convocamos otra Asamblea para que se eligiera la SEGUNDA JUNTA DIRECTIVA de acuerdo con los Estatutos aprobados en la Asamblea de 27 de noviembre de 1976, al margen de que, en abril de 1977, el Gobierno Civil franquista hubiera dado por aprobados los Estatutos, cuestión intrascendente para nosotros pues se trataba de una autorización proveniente de una autoridad dictatorial a la que no reconocíamos ninguna legitimidad,  aunque la convocatoria de la asamblea (en que se eligió la segunda Directiva) se justificara así dado que era a lo que obligaba la legislación franquista con el fin de no tener problemas.

El día 5 de agosto de 1977, se celebró Asamblea General y fue elegida la SEGUNDA JUNTA DIRECTIVA DE LA ASOCIACIÓN, a la que entregamos:

  • el libro de Actas de la Asociación,
  • el libro de Actas de la Junta Central,
  • el libro de Socios y
  • el libro de Cuentas.

Previamente, y antes de convocar esa Asamblea, nos preocupamos de organizar los bailes de la piscina con el fin de que hubiera dinero para las Fiestas de 1978.

Por otro lado, creamos una serie de Comisiones (Cultura, Exaltación de las Fiestas y Reglamento) con el fin de ir organizando la vida de la Asociación.

Nosotros, mi Directiva, acabamos nuestro periodo con la sensación del deber cumplido partiendo de un movimiento no organizado, muy motivado por el interés festero de la gente que había en la época, pero sin ninguna estructura:

  • Creamos la Asociación
  • La dotamos de:
    • Sede social
    • Presupuesto de Ingresos (bailes de la piscina)
    • Estatutos
    • Comisiones
    • Sello y Logotipo
    • Documentación

Y dimos paso a la segunda Directiva, entregándole una Asociación plenamente funcionante y con ingresos suficientes para preparar las Fiestas de 1978

 

José María López Lozano

Presidente de la Junta Central Provisional 1976

Presidente de la Asociación de Moros y Cristianos Santa Cruz  de noviembre de 1976 a agosto de 1977

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